INTRODUCCION
POEMAS
CUENTOS

De la mano

Pretende ser una invitación a un paseo virtual y poetico de dos autores.

Por una parte en cada ejemplar daremos a conocer uno a uno los poemas del libro MUY FRAGIL cuyo autor es Vicente Martinez.

Junto a cada uno de estos poemas paseará cada més un autor diferente a través de una parte de su obra.

Podrán ser estilos y formas diferentes, no importa, lo fundamental es la capacidad sensitiva para percibir el mundo que nos rodea de una manera distinta.

Pretendemos que está sección sea un ser vivo, resultado de la participación de todos vosotros.

Por lo tanto os invitamos a pasear en ella. Simplemente por el placer de contemplar el entorno de una manera menos material.

Además nuestra pretensión es que los lectores también hagan sus comentarios y nos faciliten sus impresiones y sus percepciones sobre lo que aqui lean.


Presentacion del libro MUY FRAGIL

MUY FRAGIL es el nombre generico en el que se engloban dos momentos poéticos.

El primero de ellos, se titula “Mirando el mar con tristeza“ y el segundo “ eclipse “.

Empezaremos publicando Mirando el mar con tristeza.

Es un recuerdo del pasado inspirado durante diferentes paseos por la orilla del mar, en lugares y momentos diferentes.

El pasado y el presente se entremezclan hasta el punto de confundirse en la mente de la persona. Son sueños hechos realidades y realidades que fueron sueños.

Los poemas que aqui se presentarán poco a poco, son como una niebla que nos abraza en silencio, haciendonos peligrar en nuestro camino y que nos abandona de forma repentina sin decirnos nada, encontrandonos de repente frente a una mañana de sol radiante con los ojos deslumbrados.

MUY FRAGIL

Autor Vicente Martínez

Vuestro amigo de Rubi, Barcelona, España

MIRANDO EL MAR CON TRISTEZA

( primer momento poetico )


DEDICATORIA

Durante mucho tiempo y en muchas ocasiones he mirado el mar con devoción y con respeto.

En ningún momento he visto el mismo paisaje ni he sentido las mismas sensaciones.

Pero cada una de sus olas acercaban a mi mente los mismos recuerdos.

El mar ha sido la fuerza de mi inspiración, a el le debo mis poemas , el representa todo cuanto anhelo y quiero.

Y a el le ofrezco estas líneas, tal como los sacerdotes mayas ofrecían a sus dioses seres vivos en sacrificio.

Cuando ya no esté entre vosotros espero descansar entre sus aguas , dormir abrazado un largo sueño y formar parte de el para siempre.

He tardado muchos años en escribirlo, no se si puede calificarse como un hecho literario, pero lo que si puedo asegurar, es que en el, están descritos los fragmentos mas importantes de mi alma profunda y mis sentimientos mas puros.

He tenido la necesidad de escribirlo, tal como en estos momentos la tengo de detener sus líneas y pensar en el. No se si escribiré mas poemas o me pasaré el resto de mi vida recordándolo.


PROLOGO

Me dices ...
¿ Que a quien me recuerdas ?
No lo sé
¿ Como puedes recordarme a alguien ?
Si no he visto tus ojos frente a frente,
ni conozco la textura de tu piel.
Ni el calor de tus manos,
ni el frío de tus pies.
¡ No se cual es tu aroma !
Ni como andas,
ni como duermes,
ni como amas.
Tan solo veo tus palabras
y he sentido tu voz.
Ningún amanecer ...
nos ha sorprendido
caminando descalzos por la arena
y nuestros atardeceres, no son los mismos.
Vivimos bajo mantos de estrellas diferentes.
Y aunque soñamos los mismos sueños,
nuestros mundos ...
están tan distantes ...
nuestra atracción ...
no es ningún recuerdo perdido.
Nuestra atracción ...
¡ Son carencias del alma !
Nuestra atracción ...
son ansias y hambre de entrañas,
nuestra atracción, es algo místico.


Primer compañero del paseo
Oscar Pedraza
( Periodista de Monterrey , Mexico )

Poesía:

INCERTIDUMBRE

¿ Que voy a hacer mañana, cuando no estés conmigo ?
¿ Que voy a hacer mañana, cuando me quede solo,
viviendo de recuerdos, sin tu calor y abrigo,
sintiendote tan lejos, con mi dolor tan hondo ?
La verdad, no imagino como seria la vida
sin tenerte a mi lado, luego de tantos años
de compartirlo todo, de intercambiar caricias,
de recorrer caminos, tomados de la mano.
¿ Que voy a haxcer mañana si me llaman a cuentas
si tu, mi compañera, amiga, esposa, amante,
que nunca me abandonas, conmigo no te encuentras ?
¿ Que voy a hacer ahora, para nunca dejarte ?
Voy a anclarte a mi lado, con un amor intenso;
te nombraré la reina de mi tiempo y mi espacio,
te llevaré en los labios conmo ferviente rezo
y tendrás en mi pecho, tu trono y tu palacio.
¿ Que voy a hacer mañana, cuando no estés conmigo ?
voy a cerrar los ojos, para seguirte viendo,
buscaré tu regazo, refugio siempre tibio
y quedaré en tu mente, convertido en recuerdo.


Del Libro Muy Fragil

Mirando el mar con tristeza

AUSENTE

Voy camino de tu orilla,
aunque tu lo desconoces,
¿ Te acuerdas de mis caricias ?
¡ Que incertidumbre !
Cada dia más cerca.
Cada minuto tan lejos.
Quiero sentir el calor de tus entrañas.
Tengo miedo que me quemen.
Se partaron nuestras vidas una noche entre los pinos.
Recuerdos, todo son recuerdos difusos
entre olor de tabaco y ruidos.
Ruidos, ruidos y más ruidos
Que infierno tu mirada, que averno tu ausencia.
Que silencio tu adios.
Que crueldad tu regreso.
Adios suabe brisa Adion
bella musa que inspiraste mis versos
y atormentaste mis soledades.
Chispa de mis inquietudes.

El paso virtual de este mes lo realizo con el poema de Araceli, Poeta y fisosofa de Gelida.
Es un poema que está fechado en el año 1997 y al que no le puso titulo.

¡ Hiriente caballo ! ¡
Valiente de la verdad !
Por lo aros de la luna...
¡ Hazme trotar ! ¡
Valiente corcel !
Relinchante y con bravura
No me dejes en las tardes,
sin ceñirme a tu montura.
Y en la cima de mis lamentos,
casi alcanzo la luna Alta,
alta de fina espuma.
Grande, grande como aceituna.
Y la luna clara como la espuma,
de blanco nacar y largas dudas.
Por la arena galopando,
con la risa de la luna.
Alcanzaremos el alba...
Y trotaremos en los aros de la luna
Y envolveremos las estrellas,
con ramos de naranjas y aceitunas.

Un saludo muy especial al amigo Oscar Pedraza de Monterry (Mexico ) que nos acompañó en nuestro anterior paseo y al que volveremos a invitar siempre que el lo desee.

Ya han paseado :

OSCAR PEDRAZA DE MONTERREY MEXICO
ARACELI SAENZ DE GELIDA ESPAÑA


Quien desee recibir el texto integro puede solicitarlo a :

martinezaznar@arrakis.es


Quien desee enviar cartas personales a los autores, puede enviarlas a :

martinezaznar@arrakis.es

nosotros se las enviaremos privadamente


Observaciones:

Si en algún ejemplar no encontramos el poema compañero de paseo ( cosa que puede suceder ), asi lo indicaremos. Las personas son bastante reticentes a publicar los poemas que escriben. Se sienten desnudos y es muy posible que no deseen darse a conocer a traves de está faceta.

Por lo tanto brindaremos la oportunidad de publicar con un alias sin dar a conocer el verdadero nombre.

Podeis enviar vuestros poemas a :

martinezaznar@arrakis.es


Cuentos :

La mano que mueve los hilos
El hombre encadenado

PÚLPITO

La mano que mueve los hilos.

Hace muchos, pero que muchos años, una mano casi invisible, casi imperceptible ( yo diria que transparente ) movia los hijos de los pulichinelas en un pequeño teatrillo de carton y trapo.

Por esa mismas epocas un rey muy mujeriego e iluso quiso crear un monopolio que desplazara del negocio de la gasolina a las grandes empresas multinacionales que copaban el mercado a nivel mundial. Y la mano invisible que mueve los hilos dejó caer el muñeco y en su lugar intaló una republica sin que esta supiera como habia llegado al poder.

Esa república ato y desató a su antojo, puso y quitó desmontando el teatro y dejandolo sin sillas. Algunos acomodadores y demas gentes de uniforme, no les gustaba lo que veian. Veian un teatro sin pompa, sin ornamentos y sin clarines ni trompetas que sonaran a su paso mientras repicaban con las botas el entarimado de madera. Y algunos veian el teatro bien tal como estaba quedando.

Unos pensaban que los nuevos tiempos requerian nuevos decorados. y que estos podian ser todo lo modernos que nadie diria nada por ello. Y unos que y otros que no. Y al final acabaron a sillazos.

Y mientras la mano invisible que mueve los hilos estaba pendiente del caos generado una sonrisa atravesaba su rostro de oreja a oreja. Y aprovechando el desconcierto general, los acomodadores que eran los unicos que tenian linternas, se hicieron con el control del teatro.

Y aquel rostro sin ojos y sin orejas que movia los hilos, se puso serio y atento a lo que los acomomodadores hacian y dasacian. Y el teatro se sumió en un silencio de muertos donde solo los hombres de uniforme podian sentarse. Y todos pensaban igual. Y todos decian lo mismo. Y todos caminaban con el mismo paso. Y todos lucian las mismas botas lustrosas .

Ya llebaban mucho tiempo, habian puesto orden en el teatro, pero no quisieron irse. Y entonces la mano que ya conoceis, le dijo a la voz que no habeis oido que no les hablara y que les diera la espalda. Y todas las manos que mueven los hilos y todas las voces que no habeis oido hicieron caso de la gran mano. Y los acomodadores cerraron las linternas para no gastar pilas. Y esperaron con las uñas afiladas y cerrando filas. Unos por miedo otros por convicción. Pero esperaron todos. Pero como las circuntancias cambiaron y querian ver teatro, la gran mano complaciente dejó que los acomodadores encendieran de nuevo las linternas y siguieran poniendo orden.

Y despues de mucho tiempo el gran acomodador quiso poner a su delfin en su puesto. Y eso no le gustó nada a la gran mano y dejó que el hijo adoptivo del gran acomodador saliera del teatro por la puerta de escape. Y lloraron los acomomodadores y aprendieron la lección del sumo sacerdote. Y dejaron que a su muerte otro rey se hiciera con el teatro.

Por que ya las sillas estaban ordenadas y las moquetas limpias. Y ese rey cambio el uniforme de los acomodadores para lo que contrató a un buen sastre. Y despues de ese sastre llegó otro que solo sabia hacer chalecos. Y cuando tubieron todos sus chalecos, necesitaron otro sastre que supiera hacer chaquetas. Y luego otro que solo sabia hacer pantalones. Y ahora que todos tenemos traje con chaleco. Me atemorizo pensar que tengamos que ir vestidos con gabardina.

¿ Conoceis el teatro de pulichinelas ? Un cordial saludo de una amigo que se mueve continuamente para que en la foto salga corrido y el gran ojo me confunda con las hojas de los árboles.

Vicente Martinez Marin


EL HOMBRE ENCADENADO

de Vicente Martínez Marin

9 de Septiembre de 1998

El hombre encadenado

Había una vez un pueblo perdido en el tiempo, cuyos habitantes todos ellos eran esclavos de un señor al que nunca veían. Cuentan las crónicas que aquel que osara mirarle quedaría ciego y mudo para el resto de sus días. La realidad es que el señor no se dejaba ver para no dejar al descubierto sus debilidades. Y para dejar de parecer un hombre normal que era lo que en realidad era. La fortuna quiso que naciera en la casa grande y esto fue determinante para el resto de su historia. El amo tenia a su disposición de una manera próxima e inmediata un enorme séquito al que tenia que alimentar, vestir y dar cobijo por las noches. Se sentía responsable de todos ellos. En muchos casos y por puros motivos de interés practico se comportaba como un padre. Les escuchaba, les reprendía cuando hacían algo que le disgustara y les daba un beso al acostarse.

Todos los habitantes del pueblo anhelaban entrar a su servicio y cada año eran elegidos unos pocos lugareños para sustituir a los fallecidos y a los repudiados. También debían cubrirse con nuevos sirvientes el incremento de las necesidades. Pues aquel señor cada vez quería más cosas. El pueblo era minúsculo, encajado entre las peculiaridades del terreno, pero en el valle habían otros pueblos como este, y más lejos detrás de las montañas habían otros valles. Y muchos más cuando la vista se pierde y la memoria falla. La vida cotidiana era tranquila, sin sobresaltos. De vez en cuando se presentaban años fríos y de escasa cosecha.

Cuando esto sucedía, algunas migajas que no se comían en la casa del señor ni en la de sus criados eran repartidas entre los menos afortunados. Y estos estaban contentos por la buena acción, sin ni siquiera pensar que lo recibido tan solo era la minúscula parte de lo que ellos habían aportado para que la vida de su amo fuera placentera y sin sobresaltos. Algunos ( pocos ), si lo pensaban, pero no se atrevían a decirlo en voz alta. Por que en el fondo aspiraban a formar parte del enorme séquito de criados y lacayos. Y entonces sus vidas estarían solucionadas. Solo tenían que guardar buen comportamiento y los problemas no contarian para ellos. No hablaban con gentes de otros pueblos, apenas tenían tiempo para ninguna actividad que no fuera el trabajo cotidiano y agotador.

La siembra, la siega, la lluvia eran sus temas de conversación preferidos. Y en sus mentes la ilusión de una gran fiesta era lo que evitaba que se sumieran en una profunda tristeza. En las noches de invierno, se sentaban delante del fuego y se contaban historias de hadas y duendes. Y así pasaban las horas hasta que el cansancio les rendía y se quedaban dormidos. Y así hasta el día siguiente. Y un día tras otro, ese era el transcurrir de todas las jornadas de su vida. Una vez al año, en época en que el esfuerzo de su trabajo no era requerido en ningún campo ni en ninguna tarea que le sirviera al señor, celebraban una gran fiesta en honor de alguna falsa divinidad. Y así transcurría el tiempo, y el número de sirvientes creció y creció.

Y llegó un instante en que la cantidad de sirvientes era superior que la de habitantes de la aldea. Y estos por esa causa tenían que aportar mayores cantidades del grano de sus cosechas. Y el señor pensó en traer gentes de otros pueblos y aldeas para que entraran a su servicio. También pensó en agrandar el pueblo y construir más casas para que el número de habitantes creciera y de ellos pudiera nutrirse su gran ejercito de sirvientes en fase creciente.

Cuantos más braceros hubieran en el campo, mayores tributos cobraría de ellos y mejor viviría. Y el pueblo empezó a crecer. Y para tenerlo todo controlado, nombró a las gentes más fieles a su persona sus representantes. Y así impartirian su voluntad y el brazo de su ley y de su justicia llegaría más lejos. Entonces llegaron hombres y mujeres de otros lugares lejanos que tenían ideas diferentes. Y estos pensaban que la vida cotidiana debía de discurrir por otros derroteros. Las ideas del señor eran unas y sus delegados y representantes seguían su dictado, pero las del resto eran dispares y seguían diferentes criterios , dogmas e intereses. Por que en el fondo, todos querían ser el amo y cometer las mismas arbitrariedades que el. Así que nunca se ponían de acuerdo y no obtenían la fuerza suficiente y necesaria para sustituirlo.

El señor era consciente de lo que las nuevas ideas estaban fraguando en las mentes de las gentes sencillas y como no podía llegar a todos los lugares de la aldea, empezó a ceder poco a poco parte de su poder a sus sirvientes. Los que se encontraban más cerca del poder ocuparon los lugares más privilegiados. Tanto es así que llegaron a fundar sus propias casas y tener sus propios rebaños. Y así se fue configurando un nuevo orden en el valle.

Durante algún tiempo algunos siguieron trabajando en la casa del amo y el la suya propia. Otros sin embargo se independizaron de el. Aunque le pagaban parte de los beneficios que obtenían de los demás. Uno de ellos se compró una barca, que fue pagando poco a poco con la renta que obtenía de ella. Y se convirtió en el barquero del pueblo. Todo aquel que quería cruzar el río, debía de entregarle una pequeña parte del grano cosechado. El no cruzar el río representaba hacer un largo viaje por las montañas hasta llegar al pueblo más cercano. Y a pesar del coste que representaba aquello, sin duda que era preferible a caminar durante toda una jornada, por caminos polvorientos en verano y encharcados y llenos de barro y nieve en invierno. Así que era mejor ceder parte de la cosecha por aquel servicio. El guardabosques limpiaba el monte de ramas y arbustos y una vez que estas se secaban la cambiaba por grano que a su vez le daba parte a su antiguo señor. Como apenas quedaban bosques cercanos y estos eran propiedad del amo todo aquel que quisiera cocinar o calentarse en invierno también debía ceder parte de su trabajo en forma de grano puesto que no le cabia la posibilidad de cortar su propia leña. De los carros que quedaban en la gran casa sus cuidadores, a cambio de su trabajo percibían en especies el permiso para poderlos utilizar en su beneficio.

Así que llevaban por el valle, de pueblo en pueblo a todo aquel que quisiera desplazarse a vender sus productos al mercado. Naturalmente no era de una manera desinteresada. También debían entregar parte de lo cosechado por el citado servicio. Los mozos de cuadra vendían el estiércol de los animales del establo. Y como con el, las cosechas rendían más, estos se convirtieron en los alquimistas de aquella sociedad. Y como tales, atesoraron bienes y riquezas. Pronto el señor de todo, se dio cuenta del enorme poder que todo lo misterioso y mágico tenía y no quiso dejarlo en manos ajenas y fuera de su control. Así, que el se hizo cargo directamente de la venta del abono. Por ello pedía a cambio grandes cantidades de cereales, pues se daba cuenta del enorme potencial que en sus establos tenia , debido a la gran demanda que tenían esos pestilentes desperdicios.

La única fuente del pueblo también estaba en sus jardines así que por el agua también pedía grano a cambio. El ir al río representaba largos caminos cargado y mucho tiempo del que no se disponía. Y en el caso de querer el agua de este, necesitarian transportarla en los carros. El señor siguió necesitando más y más sirvientes. Al principio había solo un amo y este ostentaba el poder absoluto, ahora eran muchos, así que los pobres braceros debían de trabajar más campos para poder satisfacer a tantos parásitos. Muchos amos se disputaban la servidumbre de los aldeanos con falsas promesas de libertad y de riqueza. En ello les iba su propia riqueza.

Sin esclavos no existen amos. Y ellos necesitaban existir. Otros les ofrecían el cielo a cambio de su esclavitud También les ofrecieron ser sus propios amos. Buscaron la golosina más apetecible para cada persona y para cada caso. Y alimentaron el ego y la capacidad de ilusionar a las gentes, para conseguir sus fines. Tantos eran los pagos que se efectuaban con el grano, que acordaron no moverlo y apuntarse las deudas en unas libretas. y nadie se daba cuenta. Pero llegó un momento en que las cantidades anotadas que se debían de pagar unos a otros, eran superiores que los granos que en realidad había. Por que ya se habían gastado las cosechas de futuros años. Así que tuvieron que mezclar el trigo con tierra para que los pesos coincidieran. Pero nadie se atrevía a decirlo, por que la ruptura de aquel sistema perjudicaba a todos.

No les gustaba lo que veían, pero tampoco querían regresar a la antigua servidumbre y esclavitud. Y entonces algunos pensaron que la felicidad podía consistir en conformarse con lo justo, puesto que alimentando sus ambiciones personales, tan solo estaban incrementando el número de sirvientes. Pues por cada 100 granos de trigo que obtenían de cultivar sus campos en realidad solo les quedaban dos o tres para hacer su pan y para las semillas del próximo año. Y así poco a poco, les fueron creando unas cadenas invisibles que les obligaban mucho más que las que tenían antes.

Y un mundo muy simple, se convirtió en un mundo muy complicado del que era imposible salir. Una minoría quiso dejarlo todo y empezar de nuevo. Hablaron mucho, discutieron más todavía. Incluso llegaron a pegarse y a matarse por implantar sus ideas. Los más idealistas abandonaron sus casas del pueblo y sus campos del valle y marcharon a las montañas a vivir y a trabajar la tierra tal como lo hicieran sus antepasados. Los más practicos vivieron sumidos en la frustración.

Los primeros, construyeron sus propios pozos para tener agua. Cortaron la leña que consumirían en invierno. Y se aislaron del resto de los habitantes de las aldeas. Con el tiempo formaron sus propios clanes y sus propias aldeas. La dureza de su trabajo y lo riguroso del clima forjó unos caracteres más rudos. No necesitaron utilizar la barca, por que no precisaban cruzar ningún río. Y no viajaron por el valle, por que desde su montaña no necesitaban ampliar su horizonte. Eran los primeros en ver el sol de la mañana y los últimos en despedirlo al ocaso.

Y cuando recogían sus cosechas y hacían su pan moliendo su trigo, tenían los mismos granos que si hubieran utilizado los modernos métodos de cultivo a base de fertilizar mágicamente la tierra. Y aquellos hombrecillos del valle, los envidiaban y los detestaban y para doblegares les negaban todo aquello que precisaban, pues no querían que hubieran hombre libres.

Y entre eso y que los hombre libres también querían prosperar, empezaron a negociar y a intercambiar las cosechas y otros productos, que unos y otros guardaban celosamente.


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