Contribuciones del Networking al arte electrónico: de la electrografía al Spam Art

Silvio De Gracia, Septiembre, 2004, Junín, Buenos Aires.

En el panorama del arte contemporáneo, cuando múltiples lenguajes y expresiones parecen haberse explorado y transitado casi hasta el agotamiento, el arte electrónico se presenta como un soplo de aire fresco capaz de renovar la atmósfera creativa. Si bien no es inédita la interacción entre arte y tecnología, sí resulta novedosa como tendencia que se expande y afianza en todo el mundo. Cada vez más creadores que solían trabajar en otros soportes incorporan el uso de medios electrónicos para concebir sus producciones artísticas, sin contar aquellos que desde un principio han tomado la tecnología   como soporte esencial para su trabajo creativo. La presencia de expresiones de arte electrónico en museos, galerías y bienales es cada vez más frecuente, y cuenta con el interés y el entusiasmo de críticos, curadores y público.

Es evidente que todo esto es consecuencia lógica de la propia evolución del arte y   de las sociedades humanas. Cuando el artista sólo contaba con óleos, pinceles, gubias o martillos no tenía más opciones que pintar, grabar o esculpir. Pero el artista contemporáneo, en permanente búsqueda y experimentación, se encuentra ante una cantidad casi inagotable de posibilidades para elaborar sus propuestas, de modo que no sólo elige lo que hace, sino también con qué medios lo hace. En el seno de sociedades hipertecnológicas, el artista no puede permanecer ajeno  a los nuevos medios que definen nuevas prácticas artísticas.

Es innegable que hoy las nuevas tecnologías tienen mucho que aportar en el campo de la creación, y que su interacción con los artistas va en creciente aumento. No obstante, si tratáramos de buscar el punto de partida exacto de lo que hoy llamamos arte electrónico, la cuestión no sería fácil de resolver. Los más diversos artistas en distintos lugares y fechas optaron por una cámara de video, una computadora o una sencilla máquina xerográfica, pero es casi seguro que ninguno de ellos era consciente de que estaba abriendo el juego para instalar nuevas formas de producción artística.

Lo que sí puede afirmarse, aunque muchos no lo sepan, es que existe un movimiento artístico que ha contribuido en gran medida al desarrollo del arte electrónico. Se trata del arte correo o mail art, reconocido por artistas y teóricos como “el mayor movimiento que se haya visto en la Historia del Arte”. Un movimiento en el que se han visto envueltos creadores tan destacados e innovadores como Joseph Beuys, Gilbert & George, Christo, Nam June Paik, Carl André o Yves Klein, sin contar otros muchos artistas del grupo Fluxus y del “nuveau” realismo.

No es muy difícil encontrar puntos de contacto y múltiples relaciones entre el arte electrónico actual y el arte correo, si se considera que el arte correo es esencialmente un arte de comunicación. Desde que el norteamericano Ray Johnson, reconocido como su padre oficial, le diera inicio en la década del 50, el arte correo ha crecido y evolucionado hasta convertirse en un arte altamente disruptivo y controversial, capaz de rechazar toda sujeción a las reglas en la creación artística, oponerse al mercado del arte y a la fetichización de la obra, e incluso sobrevivir a su propia “institucionalización”. Cuando Ray Johnson comenzó sus envíos postales de collages y otras obras de inclasificable factura, no podía imaginarse que daba vida a un movimiento que se expandiría por todo el mundo, apuntando básicamente a la comunicación y al intercambio entre los artistas de las más diversas culturas y latitudes. Hoy en día el arte correo está difundido en todo el mundo y sus participantes constituyen una red alternativa de amistad e intercambio entre artistas, al margen del sistema del arte oficial.

La comunicación, objetivo y producto constitutivo de la práctica mail-artística, es lo que ha llevado al arte correo a contribuir en la difusión de aquellas múltiples tecnologías que hoy conforman y dan identidad al arte electrónico. Fue la necesidad de comunicarse lo que determinó que, desde sus mismos orígenes, el arte correo fuera un movimiento dispuesto a recibir en su seno todo tipo de innovación técnica. El arte correo se nutrió  de todo soporte, de toda tecnología y de todo método o procedimiento estético. En un principio, sólo se utilizaron los envíos postales, pero después se fueron   incorporando todos los medios posibles, desde el fax y el teléfono hasta el e-mail, el video o el CD-Rom. Nunca antes un movimiento artístico había mostrado tal apertura y tal capacidad de absorción de nuevas tecnologías.

Lo que cobra una importancia mayor, visto en perspectiva, es que las nuevas tecnologías que se iban incorporando en el arte correo para multiplicar las vías de comunicación, fueran pasando paulatinamente a definir la naturaleza de nuevas formas de producir arte. En este sentido, uno de los más curiosos productos del arte correo va a ser el telecopy art o arte fax.

A principios de los 80, los artistas correo dejan de usar el fax como simple medio comunicacional y conciben una nueva forma de arte que rápidamente se expande y se legitima dentro del circuito. Como señalara oportunamente Guy Bleus, uno de los teóricos que más se ha ocupado del tema, “el fax y la telecopia sólo añaden nuevas perspectivas electrónicas a las actividades existentes en el mail-art”… “explorar toda posibilidad electrónica adicional plantea nuevos estímulos para el arte correo” (1). Bleus también detalló, a lo largo de los 80’, las múltiples formas en que podía manipularse el aparato de fax   o intervenirse sobre el papel para lograr resultados inesperados y fuertemente creativos. En los primeros 80’ se produjeron algunos de los más importantes eventos de arte fax, como el proyecto “El mundo en 24 horas”, en el marco de “Ars electrónica 82 “, o “Particifax”. Para fines de los 80’ el arte fax ya era una parte constitutiva de la red de mail-art o arte correo. Muchos mail-artistas organizaron y curaron exhibiciones de arte fax en Estados Unidos, Holanda, Italia, Bélgica, Francia y otra decena de países. En Latinoamérica, sin duda las exhibiciones más importantes de arte fax fueron producidas en los 90’, convocadas por el Museo Rufino Tamayo de México.

Un hecho de gran importancia a tener en cuenta es que el arte fax provocó algunas de las primeras polémicas en torno a la incorporación o no de las nuevas tecnologías al arte correo. El debate no tardó mucho en quedar superado y toda opción por los nuevos medios fue bien recibida. En cuanto algunos artistas reconocieron en el fax y en el uso cada vez más incipiente de los ordenadores inmejorables medios de comunicación y se apresuraron a incorporarlos a su trabajo dentro de la red de arte postal, un importante paso se consumó en la consagración del futuro arte electrónico.

Uno de los primeros artistas en unirse a la era informática fue el artista holandés Ruud Janssen, quien en 1988 comenzó a editar su TAM Bulletin en ordenador. Más adelante, con el advenimiento de internet, numerosos mail-artistas fueron de los primeros en desarrollar websites y comenzar a experimentar con el Net Art.

Sobre la relación entre arte correo e internet, el portorriqueño Elías Adasme, un artista con una destacada obra en gráfica digital y video, señala que las diferentes prácticas incluidas dentro del movimiento (emisión de sellos de goma caseros, producción de tarjetas postales desprovistas de su función turística y comercial, las publicaciones alternativas, el videoarte con énfasis en lo documental, y otras manifestaciones de claro corte contestario), “cimentaron un circuito internacional de comunicación creativa que constituye hoy, el antecedente histórico más cercano a la red internet” (2). De modo semejante, el mail-artista uruguayo Clemente Padín se atreve a asegurar que “hoy día, se advierten las improntas interactivas del Arte Correo en el Net Art o Arte en la Red, fruto del largo desarrollo de la tecnología electrónica en el campo de las comunicaciones” (3). Precisamente, Padín, uno de los mayores referentes del arte correo latinoamericano, es uno de los que más decididamente se han volcado a la producción de arte interactivo en la web. Uno de sus proyectos más celebrados y recientes es el denominado “The New Padín’s Spams Trashes”, donde se dedica a recuperar y resignificar el correo basura con fuertes dosis de humor e ironía, referenciando en la mayoría de los casos a preocupantes problemáticas sociales y políticas del contexto contemporáneo. En la línea de Padín también se encuentra el artista italiano Vittorio Baccelli, quien desde su página web llega al cinismo de abogar por un futuro “Spam Art”.

Más allá de algunos casos emblemáticos, la mayoría de los artistas correo fueron desde un principio activos usuarios de la red internet y se dedicaron a explotar al máximo sus posibilidades. A través de internet y del e-mail-art   o arte correo electrónico, la comunicación entre artistas de los más distantes puntos del globo es permanente y sumamente fructífera. Apenas inaugurada la red internet, los mail-artistas se volcaron de lleno al e-mail-art, realizando y enviando obras por la red y diseñando páginas webs donde estas obras pudieran visualizarse. Hoy día, el e-mail-art es otra de las tantas prácticas constitutivas del arte correo. Tampoco hay que olvidarse de las muchas publicaciones especializadas que pueden encontrarse en la red y que contribuyen a difundir no sólo el arte correo, sino también su interacción con los medios electrónicos.

Si resulta cierto que muchas de las prácticas incluidas en el arte correo contribuyeron en alguna medida al desarrollo del arte electrónico, no menos cierto es que entre uno y otro movimiento existen profundas coincidencias conceptuales. Ante todo, tanto uno como otro movimiento apuestan por una democratización del arte. Para los artistas correo es una verdad indiscutible que toda persona es potencialmente creativa y que puede llegar a desarrollar una producción artística, prescindiendo de la formación académica y los dictados del arte institucionalizado. De igual manera, quienes trabajan en arte electrónico legitiman, aunque implícitamente, la máxima libertad creativa de espaldas a las escuelas, academias y reglas. Los artistas electrónicos no son formados por instituciones dedicadas a la enseñanza artística, sino que se definen y constituyen en tales a partir de una interacción completamente autónoma con las nuevas tecnologías. No hay moldes ni tradiciones en el arte electrónico, sino tan sólo un vastísimo horizonte que reclama ser explorado.

Otro punto de coincidencia de ambas corrientes es que concretan la desfetichización y la desmercantilización de la obra estética, que antes impulsaran el dadaísmo, el conceptualismo, el arte de performance, entre otros movimientos. En ninguna de las dos corrientes la obra adquiere carácter de fetiche, ni se propone como un bien de cambio apto para incorporarse al mercado del arte. En el arte correo existe una regla clara sintetizada en la frase “el mail art y el dinero no se mezclan”, en tanto que el arte electrónico, por la propia naturaleza de su concepción y presentación, está muy lejos de considerarse indicado para el consumo. Por último, cabe agregar que los dos movimientos parecen compartir el principio de no propiciar la formación de élites artísticas o jerarquías. Unos y otros artistas están interesados en entablar un diálogo igualitario, antes que en institucionalizar sus propias prácticas artísticas.

 

Si hoy es posible hablar de un arte electrónico, es porque lo que en un momento se consideró pura aventura ya es una certeza. Hoy, cada vez más artistas no piensan en un mero coqueteo con la tecnología, sino que la consideran parte esencial y definitoria de la práctica creativa. Y al arte correo, en tanto arte de la comunicación, en el proceso de consolidación de las artes electrónicas, le toca reclamar unas líneas en una futura tradición que aún está por escribirse.

NOTAS

(1) Guy Bleus: “The e-mail interview with Guy Bleus”- Mail Art from Surface Mail to Cyberspace, Ragged Edge Press, NYC, USA, 1998.

(2) Elías Adasme: “Mail-Art in Latin America: a gamble on utopia”, en Heterogénesis Nr 45, octubre 2003, Universidad de Lund, Sverige (Suecia).

(3) Clemente Padín: “El Arte Correo, hoy día, 2004”, en catálogo del Encuentro Internacional de Arte “Libertad para América Latina”, Museo de Arte “Ángel M. de Rosa”, Junín, Buenos Aires, 2004.

(Texto seleccionado e incluido en el Festival Internacional de Arte Electrónico 404, dentro de la categoría “Teorías”, Rosario, Santa Fe, Argentina).

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