ESTHER FERRER: “ME IMPORTA UN RÁBANO QUE SEA ARTE O QUE NO SEA ARTE”

por  | Ago 1, 2017 | ENTREVISTAS |

A finales de mayo pasado se celebró en Matadero Madrid el festival POETAS 2017, un festival poético, más no de poesía, en el que participaron 20 artistas de España e internacionales, como Isidoro Valcárcel Medina, Raúl Zurita Esther Ferrer, pionera del performance, del pensamiento feminista y ácrata.

Nacida en San Sebastián en 1937, Esther Ferrer es una de las principales representantes del arte de performance en España. Empezó a participar en las actividades del grupo ZAJ (con Walter Marchetti, Ramón Barce y Juan Hidalgo) en 1967 y, desde entonces, hizo del arte de acción su principal medio.

Ernesto Castro, autor y académico español, conversó con ella a propósito de su participación en el festival POETAS, y como antesala a su muestra Todas las variaciones son válidas, incluida esta, que abre en octubre de este año en la sede Palacio de Velázquez del Museo Reina Sofía, en Madrid.

Ernesto Castro: Una pregunta que quisiera hacerte, y que creo que muy poca gente te ha hecho, es sobre el tema de la pedagogía. Sé que empezaste a trabajar sobre estos temas con José Antonio Sistiaga. Intentaste montar una escuela basada en el método Freinet e incluso, posteriormente, montaste una escuela de libre expresión infantil en San Sebastián. ¿En qué medida estos experimentos pedagógicos de los años 60 luego han influido en tu visión -podríamos llamarla así- “antielitista” en performance, según la cual todo el mundo entiende de alguna forma el performance, incluso aquellos que lo desprecian o lo rechazan? Incluida aquella famosa anécdota del estudiante de Colorado Springs, que habiendo considerado que aquello era una gilipollez cuando lo vio en directo, luego posteriormente, siendo profesor, se lo enseñaba a sus alumnos. ¿Cuál es la relación que has tenido con la pedagogía, consideras que es relevante desde un punto de vista no solamente de la performance sino también de la política del día a día? ¿Cómo ha influido eso luego en tu trayectoria profesional?

Esther Ferrer: En principio debo decirte que estudié magisterio y también pedagogía, o sea que la pedagogía me ha interesado siempre. Luego, con José Antonio Sistiaga hice el taller de libre expresión infantil, que fue fundamentalmente una idea suya, porque él tenía muchos hijos y estaba muy preocupado por la educación de sus hijos. Y conocíamos el método Montessori, el Decroly y muchos otros, y entre ellos se encontraba el Freinet. Entonces, decidimos hacer una escuela conforme a este método Freinet –un pedagogo francés, sobre el que hice dos cursillos en Francia, y cuyo método da una libertad absoluta a los niños en todos los sentidos, y sobre todo desde el aspecto creativo en música, pintura, o sea: les hace crear. Decidimos hacer esta escuela y no sé si los niños aprendieron mucho, pero yo sí que aprendí mucho con ellos. Sobre todo aprendí, y conocí de cerca a los niños. Por ejemplo, conforme a este método, yo no le decía nunca al niño “está bien” o “está mal”, “este cuadro está terminado” o “no está terminado”; consiste en hacerle hablar, que razone y que conceptualice lo que está haciendo, y es él mismo el que dice “ya está terminado” o “no está terminado”. Por ejemplo, si tiene que buscar un color, les dábamos una paleta enorme y yo nunca le decía cuál escoger; los críos pasaban mucho tiempo buscando el color que ellos querían, pero al final lo encontraban. Entonces les preguntaba ¿qué color has escogido? Se trataba fundamentalmente de desarrollar la capacidad del niño para crear y sobre todo para pensar lo que hace y ser consciente de lo que hace.

EC: La inevitable pregunta acerca de Zaj, con los que tú empiezas a colaborar en el año 1967. Has contado muchas veces la anécdota, según la cual Sistiaga dice que Ramón Barce, Walter Marchetti y Juan Hidalgo necesitan una chica y que tú eres la única en los alrededores que cumple con el perfil de la persona que podría participar en el tipo de performances que ellos realizaban, o lo que entonces se llamaban “acciones” e incluso, por influencia de Mauricio Kagel, “teatro musical”, a pesar de que, como siempre se ha contado, el performance es precisamente el anti-teatro, en la medida en que va contra la escenografía, contra la narración y contra la propia idea de personaje, buscando esa síntesis entre arte y vida –por resumir muy rápidamente lo que fue la transvanguardia de aquellos años. La pregunta que quisiera hacerte es sobre el tema de la relación con el franquismo y con el Régimen. Tú en un famoso performance cuentas cómo “España olía a podrido como Dinamarca en la época de Hamlet”; pero, como es sabido y como luego ha sido estudiado posteriormente, el franquismo utilizó como estrategia de lavado de facha (nunca mejor dicho) el arte contemporáneo. Un caso muy señalado, por ejemplo, es el de la promoción nada más y nada menos de un escultor vasco como Chillida y de un pintor catalán como Tàpies como promociones internacionales dentro de lo que se llamaba “el arte del mundo libre” – frente al realismo soviético, el expresionismo abstracto, el informalismo y tal. ¿Cuál era esa especie como de situación entre medias, entre estar dentro y fuera del sistema, que cumplía el performance como por ejemplo en los encuentros de Pamplona? ¿Los Encuentros de Pamplona son verdaderamente, a tu juicio, un intento por parte del régimen de acoplarse a las nuevas formas artísticas? Y, ¿cómo fue recibido? ¿Cuál fue tu experiencia en general sobre los encuentros de Pamplona?

EF: Bueno, yo no puedo decir cómo lo recibió la gente. Yo puedo decir -y yo sé que- dudamos mucho entre participar o no participar. Nos planteamos el problema y luego decidimos que queríamos participar, y entonces participamos. Te voy a decir una cosa sobre la cuestión del Régimen. Lo que no queríamos nosotros y lo que nunca hemos querido es que el Régimen se aprovechara, diciendo “¡fíjate!, el Régimen franquista permite a estos chalados hacer”. Mientras yo pertenecía a Zaj, nunca permití que la televisión nos filmara; si nos filmaron fue sin nuestra colaboración. En los encuentros de Pamplona tú sabes que, el mismo día que nosotros teníamos que actuar resultó que había explotado un coche bomba. También ahí nos planteamos el problema de si lo actuábamos o no. Decidimos hacerlo y que, por supuesto, ni la televisión ni nadie viniera a filmar aquello. Creo que fue una buenísima decisión, aunque el teatro estaba prácticamente rodeado de grises y, como ocurría generalmente en muchísimas de las veces que hacías una performance, la gente empezó a gritar “¡Viva la libertad!”, “¡Viva la anarquía!”, etc. Y los grises obligaron a cerrar el telón que separaba al público de nosotros y evacuó el teatro. Nosotros estábamos

tetanizados de que pasara algo, de que hubiera alguien herido o muerto o lo que fuera. Felizmente, evacuaron el lugar y no pasó nada. Pero, yo creo que, por lo menos, el Régimen “toleraba” ciertas cosas durante un cierto tiempo y en un momento determinado. Ahora, nosotros nunca -yo puedo hablar por mí-, nunca he pedido una ayuda al Régimen franquista ni he intentado participar en nada de lo que ellos organizaron, y tampoco he pedido una beca en mi vida a nadie; mi arte, como decía, me lo pago yo y, si no, no lo hago…//…ver la entrevista completa en:

http://artishockrevista.com/2017/08/01/esther-ferrer-entrevista-ernesto-castro/