Las vanguardias sonoras en España (II) Por: Sergio Sánchez

Como prometí en el artículo anterior de esta serie, el primer músico protagonista de esta serie de artículos sobre las músicas experimentales iba a ser el valenciano Llorenç Barber. Doy cumplimiento y presento algo más cualitativo que una recensión de su obra escrita o un comentario resumen de su trabajo sonoro; una entrevista. Antes de nada quiero agradecer su amabilidad por gastar su preciado tiempo en responder a unas simples preguntas.

 

Compositor, musicólogo y campanólogo, Barber (nacido en Aielo de Malferit como el gran Nino Bravo) es uno de los referentes más prestigiosos de las nuevas músicas que fueron tomando cuerpo a partir de la década de los cincuenta del siglo pasado. Fue rupturista con los hijos del academicismo contemporáneo e impulsó uno de los frentes de batalla sónicos que en los determinantes años sesenta brotaron. Su trayectoria está repleta de momentos excepcionales, apasionantes y singulares que se centran en la capacidad transformadora de los sonidos de las ciudades y en el uso de campanas como instrumento total. Pero mejor que nos explique él mismo su trayectoria y su versión de la historia de las vanguardias peninsulares, tanto como protagonista directo, como cronista de alto nivel que reinterpreta y documenta los eslabones desperdigados de los obreros de la experimentación sonora.

Sergio Sánchez: Muchos han oído hablar de Pierre Schaeffer, Pierre Henry, Stockhausen, o John Cage. Pero muy pocos saben de la existencia de creadores similares en España. ¿Ha existido realmente un movimiento, o varios, de música de vanguardia y experimental en el siglo XX? Y ¿cuáles fueron sus referencias  y antecedentes endógenos?

Llorenç Barber: Lo que llamamos España, ha tenido con eso que titulamos “vanguardias  musicales o sonoras” muy poca atención. Tan sólo unas llamaradas de arranque corto cual rabo de conejo, y a burlarse y volver a lo de siempre. Pasados todos los embates, podemos decir que precisamente por ello no ha habido formación dehumus histórico. Las vanguardias españolas de los años 60 y algo más, no tuvieron consciencia de pioneros anteriores, y los hubo aquí y allá, pero no los apreciaron. Tampoco cuidaron de dejar descendencia: su ego fue mayor que sus obras y su generosidad, y ahí quedaron aparentemente varados en sus pretendidos logros; que hoy quedan algo ridículos. Puestos a valorar, podemos decir que la rama mas anárquica, la que llega desde actitudes mas sueltas y libertarias como las defendidas por Cage, Fluxus y demás, a través del modelo propugnado por nuestro GRUPO ZAJ y sus congéneres catalanes (Mestres, Brossa, Ana Ricci y Carles Santos), han dado más de sí,  visto lo visto y oído, que los pretendidos vanguardistas académicos, tan rancios y sobre todo tan cortos y pegados al pobre pesebre ministerial y tardo sinfónico.

Con todo, y aunque la musicología hispana nunca vió ni oyó, ha existido desde los lejanos tiempos del futurísmo, un buen número de practicantes de lo “otro”, que han dado lo mejor de sí mismos inventando instrumentos y alentando el “pensamiento eléctrico“. El más grande y atrevido, el valenciano cura Castillejo, un señor que fue capaz no sólo de construir un ELECTRO COMPOSITOR MUSICAL: esto es un “aparato” que componía él sólo a partir de combinaciones de azar y, además, explicó en un libro lleno de inteligencia y entusiasmo cuanto la humanidad podía esperar de una fuerza tan fascinante y útil como la electricidad.  Por supuesto tuvo que publicarse el libro a sus solas e incomprendidas expensas. Y más tarde, ya harto, tuvo que malvender su libro que acabó en la librería París-Valencia de la calle Pelayo, donde yo a fines de los sesenta lo encontré.

Y lo peor, cuando en los felices años 80 escribí un artículo explicando el feliz encuentro, ni un sólo comentario ni una sóla llamada de interés hubo de ningún pretendido “musicólogo”. Hay que denunciar esta demencial falta de respeto de una casta, los musicólogos, más encerrados en sus marfiles de antaño que en su atender un presente, raquítico pero lleno de atisbos extremadamamente ilusionantes e ingeniosos. Otro tanto ocurrió con nuestro pitagórico Eduardo Panach Ramos, quién tras inventarse un original modo microescalístico propio, y respetando las proporciones algorítmicas, sufrió burlas y olvidos hasta que llegó 20 años más tarde el gran Julián Carrillo con un microtonalísmo algo más reciente y grosero que nuestro inventor de la pobre “triola” o arpa de brazo,  donde poder escuchar sus sueños microtonales. Sobre el cagismo, decir que tarde y poco brillante, pero desde los años 80 salió un librito sobre su persona y filosofía firmado por mí mismo: el primer intento escrito en español sobre tal huracán conceptual, práctico y utópico.

Algo más tarde, y con un lenguaje mas especulativo y filosófico, nuestra Carmen Pardo publicará unos ensayos ya brillantes sobre las hebras mas atractivas del gran John Cage. Sobre Stockhausen pocos hilos  podemos encontrar mas allá de la copia atónita. España ha carecido siempre de infraestructura técnica donde  verter horas e ingenio. Pensad que en Valencia, cuando surge Actum, nuestro buen Jose Luis Berenguer, se tuvo que auto construir él mismo sus dos “sintetizadores”, el uno analítico y el otro sintético. Todo un ejemplo de “autarquía” tecnológica. Por cierto, que ambos dos trastos acabaron en la basura, como los inventos todos de nuestro gran Castillejo. Ni siquiera pudieron refugiarse en un miserable museo de tecnología.

S.S.: ¿La influencia tecnológica en el devenir evolutivo de la creación sonora ha sido determinante? ¿Permitieron otras formas de hacer sonar y de saber escuchar?

Ll.B.: La influencia tecnológica fue entre nosotros tan lejos, como el mercado y su insidiosa influencia pudo. Pero nada reseñable puede presentarse en sentido inverso, de dentro afuera, que yo sepa, hasta la hermosa y feliz Reactable de nuestro compañero Sergi Jordá. Con todo desde los hermosos años 80, con el hecho de abaratarse los artilugios del mercado, se inicia una corriente initerrumpida hasta hoy de democratización de lo tecnológico que permitió librarse de un ambiente exclusivo, y bobo, hasta entonces vigente. Es ahí donde nuestro bolsillo ilusionado y nuestra capacidad se retroalimentan, fertilizando una vida sonora cada vez más suelta y flexible. De nuevo las instituciones quedarán en babia ante tan gran ola de jovenes ilusionados: unos venidos de lo pop, otros de lo clásico. El primer gran personaje nacional totalmente dedicado a crear musicas electrónicas será Eduardo Polonio, siempre con un pie en la creación abstracta y otro en el centro de todos los minimalismos repetitivos, los pops más ambiciosos y las mezcolanzas más sensibles.

S.S.: ¿No crees que estas otras músicas cayeron, en ocasiones, en algunos errores similares al del academicismo y tradicionalismo compositivo musical? Elitismo, ombliguismo…

Ll.B.: Seguramente muchos de estos esfuerzos tuvieron su aquel de endiosamiento, que ahora podemos tachar de error. Pero hay que pensar que la soledad y el empeño personal casi heróico de muchos de sus protagonistas bien explican tal nimbo, no todo ridículo ni ridiculizable. Ayudaba a subsistir y a crear imitadores.

S.S.: En el mundo exterior (ciudades, gentes, naturaleza…) la riqueza sonora es inmensa, y la posibilidad de interactuar es algo más vivo que cualquier partitura vanguardista y creativa. ¿Cuál es tu opinión al respecto del desdén con que miran ciertos compositores al ya popular movimiento de las field recordings, soundscape o paisajismo sonoro? ¿Crees que es un intrusismo?

Ll.B.: Este es ya otro tema. Entramos en la actualidad. Pensemos que nuestras instituciones y sus aborregados artistas del subsidio han sido y continúan siendo muy eurocétricas y eurocéntricos. Y ello explica que un movimiento ético/estético como el “soundscape“, que se genera en un mundo muy anglo como es Canadá, tenga entre nosotros unos seguidores digamos muy excéntricos como Francisco López, o yo (con el nacer del taller de música mundana en 1977, y algo mas tarde con el mundo de las campanas). Excéntricos y alejados de cualquier institución, y ese alejamiento pronto se convertirá en desdén y hasta burla. Pero que pasados unos años tendrá un florecer inaudito: somos un país con muy buenos “soundscapistas”. Crece el interés, de los más atrevidos y activos, y hasta las instituciones mas “sónicas” como las facultades de bellas artes, andan ya fomentando un arte sonoro francamente de moda y en ascenso.

S.S.: ¿Sin oído existen la música y los sonidos?

Ll.B.: Sin oído, existe la vibra, la vida que se manifiesta vibrante y expansiva. Lo que no existe es lo que damos en llamar música, pues esta necesita de la recepción y digestión sensitiva, y memorística, y estimulante de un oído de ser vivo; ya sea este cetáceo, ave o bípedo. Todo el universo vivo y expansivo es sonido, y el hecho de entrar en empatía reactiva es lo que da pie a eso tan extraño que llamamos correspondencia: fuerza metamórfica que nos cambia y convierte en estimulante flecha sónica.

 

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Nota:

Este artículo, así como los demás de esta serie dedicada a las vanguardias sonoras en España y otros temas afines, fueron inicialmente publicados en el Blog del experto de FNAC.

 

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