Muere el griego Jannis Kounellis, pionero del ‘arte povera’

Aunque nacido en el Pireo en 1936, Roma era su ciudad adoptiva, el lugar donde había llegado desde Grecia en 1956 con 20 años, para estudiar en la Academia de Bellas Artes siguiendo al maestro Toti Scialoja.

Su debut fue con una exposición individual en 1960 en la galería romana La Tartaruga, donde se vio ya su original manera de interpretar el arte con pocos y simples elementos.

Pero fue sólo después cuando Kounellis se especializó en la combinación de materiales orgánicos e inorgánicos en sus obras, todos ellos caracterizados por su sencillez en la que se consideró el movimiento del arte povera.

Comenzó a alcanzar fama y sorprender a los críticos a finales de los años 60 cuando en sus instalaciones combina animales vivos y vigas de hierro, bolsas de yute, trozos de carne y madera.

De este periodo son sus caballos atados a las paredes en la galería L’Attico, en 1967, o la famosa Puerta cerrada de San Benedetto del Tronto, un cúmulo de piedras a forma de puerta que simbolizaban el aislamiento con el mundo exterior.

Kounellis, cuyo lema en el arte era que había que “salir del marco”, usó en sus instalaciones troncos, fuego, sacos, carbón, mariposas o jarros de barro chinos. Cualquier tipo de objeto daba rienda suelta a su creatividad.

Sus obras con enormes trozos de carne vacuna del matadero colgados de ventanas o vigas dieron la vuelta al mundo.

En los años 70 vivió una profunda crisis debido a las dinámicas comerciales del arte, pero poco a poco volvió a la notoriedad pero es con el inicio del siglo XXI cuando encontró hueco en el panorama artístico.

En el 2002 presenta su instalación de Caballos en la Whitechapel de Londres y después en la Galería de Arte Moderna de Roma presenta una de sus grandes obras: El acto único, su enorme laberinto formado por planchas de chapa en las que incluye algunas de sus creaciones.

Llegaron después otras instalaciones en 2004 en la Academia de Florencia, celebrando los 500 años de la creación del David de Miguel Ángel. En 2008, realizó la puerta de acceso al huerto de la Basílica di Santa Cruz en Jerusalén, en Roma, una maravilloso entramado de hierro y juego de colores con piedras de cristal.

En 2011 presentó en la Bienal de Venecia sus espectaculares sudarios colgados en las pareces con cientos de clavos.

Sus obras siempre sombrías, oscuras, que le hacen recibir el apelativo del “Goya del arte moderno”, se exhiben en museos de todo el mundo y durante su carrera participó en numerosos certámenes como ARCO en España.