“On the air” / MANÉ (Exposición de Juan Manuel Álvarez Romero)

DOCUMENTACIÓN PRENSA

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La ficción amable de las “otras figuras” que suceden en este tiempo convulso, en el que la catástrofe humana se ha vuelto más siniestra al hacerse aparentemente soportable es el contexto presente en estas pinturas que se adentran en la selva de las visiones. La huella del tiempo y del dolor denunciable. Sentir el estremecimiento del mundo.  El vértigo de la tierra húmeda. La intensidad del movimiento sacudido por el oleaje. La observación de la tierra firme desde un barco náufrago. La belleza del azul como un gran refugio en su reproducción infinita.

Figuras que construyen un hilo de comunicación y que se sostienen en el aire de un universo inestable dominado por los cuatro elementos “Sublunar” que abandonan su estado silente, para establecer un diálogo armónico y en ocasiones conflictivo donde conviven con multitud de cosas.

Se trata de imaginar un nuevo tipo de figuras en movimiento sostenidas en el aire. Figuras desnudas a las que no les resulta sencillo huir del color, la forma y la textura;  señalando ritmos donde resultan imposibles y rompiéndolos cuando parecen necesarios.                                                            :::::

Para el creador, consiste en trasformar la realidad, conceptualizarla desde un ojo crítico. Ir desde el símbolo más sencillo y puro al  complejo, convirtiendo en imagen los  espacios infinitos creando una abertura libre a la imaginación; la vuelta a la realidad queda en un plano de percepción diferente.

Es en este proceso de tránsito donde el color juega una parte fundamental de la transformación que está presente en todas las obras. Una visión ancestral del ser humano desde el negro de los trazos “carbón extraído del fuego”. El rojo, “extraído de la sangre del sacrificio”, o el pigmento como la “esencia de la roca”. Desde un punto de vista más místico podría interpretarse como la mirada innata del ser “en el aire” convertido y mutado a nuestra era.

¿Cómo encontrar la magia tal la sentimos, incrédulos de lo que ocurre ante nuestros ojos y retornar a la visión inocente del niño?

Podríamos elevar los símbolos al aire, revolverlos con el pincel una y otra vez hasta llegar a lo que es, una huella de nosotros mismos; o bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y otras ocasiones creados por el propio ser humano, para quizás, encontrar los primeros movimientos de su propio lenguaje. La primera imagen creada en tiempos en los que tan solo poseía carbón y sangre para poder comunicarse y dejar constancia de su pensamiento y su imagen en el tiempo.

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